Responsabilidad Social

Divagando (más gerundios) sobre lo responsable

Seguimos con obviedades sobre Comunicación y Responsabilidad Social. Mucho se ha hablado, se habla y (ojalá) se hablará sobre Responsabilidad Social. ¿Qué es? No es difícil. Muchos expertos la definen como aquello que permite a las empresas ‘devolver a la sociedad parte de lo que ésta les ha dado’, en forma de comportamientos éticos, respeto al medio ambiente o acción social, por ejemplo.

En fin, esa definición no deja de ser la que hemos vista escrita miles de veces. Dice mucho, aunque a la vez dice muy poco. ¿Qué es Responsabilidad Social? Desde mi punto de vista, este término se define (como sucede con la Comunicación), de una forma muy sencilla, aunque su ejecución sea de extraordinaria complejidad, más aún si ese concepto de ‘Responsabilidad’ va dotado de una Comunicación de la misma. Me explico:

Las empresas son, en general, responsables. Una empresa irresponsable es una empresa insostenible. Una empresa irresponsable es, por ejemplo, la empresa que no cumple la legislación, que contamina, que se corrompe y promueve actos corruptos o que no cuida su relación con su entorno más inmediato. Una empresa que trabaja de esta manera puede sobrevivir algunos meses, pero tarde o temprano, denuncia más o denuncia menos, su comportamiento la convertirá en una empresa insostenible, absolutamente inviable, para mal de sus propietarios y de sus trabajadores.

Una empresa que respeta las leyes, demuestra comportamientos éticos, contribuye a la mejora del medio ambiente y cuida su relación con su entorno más inmediato y (muy importante) con sus propios trabajadores es una empresa responsable y, desde este punto de vista, es y será una empresa sostenible, a la que, si le acompañan los resultados económicos, podemos augurar muchos años de vida y una gran prosperidad.

La Responsabilidad Social es la capacidad de las empresas para saber trasladar ese comportamiento responsable a todos sus grupos de interés: por supuesto, a su entorno más inmediato (en el sentido de entorno geográfico), pero también a sus principales sujetos objetivo, lo que se conoce como stakeholders: sus clientes, sus proveedores, las administraciones con las que se relaciona, ¿los sindicatos?, por supuesto sus trabajadores,…

Cada empresa debe definir, antes de elaborar un Plan Director de Responsabilidad Social, qué grupos de interés son aquellos a los que debe dirigir todas sus iniciativas de comunicación responsable, siempre y cuando, claro está, el propio comportamiento empresarial sea previamente responsable. Si no hay comportamiento responsable, no debe haber comunicación. Caeríamos en la falsedad y en la poco sana intención de hacer publicidad engañosa, de querer contar algo que no hacemos.

Dicho así, todo esto parece fácil. Pero conjugar la gestión de la empresa, la acción de cada uno de sus responsables, la necesidad de aunar todo eso bajo un paraguas que agrupe los comportamientos responsables y, llegado el caso, la idoneidad de contarlo, de transmitirlo con el objetivo legítimo de mejorar la percepción de la empresa entre sus grupos de interés,….. eso es otro cantar. Por eso se hace necesaria la implicación de la Dirección de la empresa al más alto nivel, que sirva para dar un impulso a la actividad.

Y es que, en este sentido, qué verdad es que la Responsabilidad Social debe comenzar por uno mismo y necesita de apoyos, voluntades y firmeza.

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