Comunicación/Comunicación de crisis

Breve decálogo para comunicar (II)

Para comunicar (y, más aún, para comunicar bien) los medios de comunicación aparecen como el primer grupo de interés. Se hace imprescindible, pues, mantener una actitud abierta hacia ellos y sus profesionales, sincera, en la que la organización demuestre su permanente disponibilidad.

Más aún, y de esto va este segundo post del Decálogo, se trata de evitar el desprecio hacia ellos. Los medios de comunicación y sus profesionales son protagonistas, afortunadamente, de nuestro sistema democrático. Y digo afortunadamente porque sin ellos difícilmente viviríamos en una democracia. La denuncia, la supervisión, el debate en los medios (independientemente de su línea editorial) hacen posible que nuestro sistema sea el que es. Sin los medios y sus profesionales, España no viviría en democracia.

Sin embargo, aunque no es habitual, sí aparecen de vez en cuando los ejecutivos que creen que la prensa estorba, que es una carga y un poder (¿el cuarto?) con el que hay que convivir y malvivir y a la que hay que soportar estoicamente.

Pocos ven en los medios de comunicación una oportunidad. La oportunidad de trasladar tus mensajes a tus grupos de interés, la oportunidad de contrastar las informaciones con la organización antes de que sean publicadas.

Los medios no merecen, nunca, ser vistos como un mal. Ni siquiera como un mal menor. Los medios de comunicación (y los periodistas) son siempre una oportunidad y deben recordarnos todos los días las bondades del sistema democrático en el que vivimos.

Un segundo error bastante habitual es medir al medio (y al profesional que lo representa) en función de su tirada o difusión. No hay error más grave que ése. Todos los medios, sin excepción, merecen el máximo respeto y la máxima atención. Despreciar a uno porque se trate de un medio de difusión regional o porque su tirada sea menor es un error que termina pasando factura, porque se hurta a ese profesional y a ese medio de su derecho a la información. Y eso es algo que en esta profesión es sagrado.

Así, menospreciar la función de los periodistas y de los medios, en primer instancia, y de algunos periodistas por el simple hecho de trabajar en un medio con menor difusión son dos errores que, aunque no demasiado frecuentes, sí se dan. Evitémoslos.

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