Comunicación/Comunicación de crisis/Responsabilidad Social

Breve decálogo para comunicar (…III…)

Llamar a las cosas por su nombre

Las personas tienen una tendencia natural a acudir a los sitios sin problemas y a huir de los problemas. Nos ‘apuntamos’ a lo positivo’ y evitamos lo negativo. Es así. Es humano. Es instintivo.

La clase política es experta es hacer de ese instinto una verdadera forma de vida. Se apunta a lo bueno (y tratan de obtener de ello réditos políticos, en forma de mejor imagen o de votos) y huye como de la peste de los problemas, quizás porque entienda que si habla de ellos la ciudadanía va a ser tan ignorante que asocie el problema a la imagen del político que traslada un mensaje.

Quizás por todo ello, surgió hace muchos años la figura del ‘traductor’, de esa persona experta en diagnosticar un problema y diseñar una solución, pero no definirla como es, sino utilizar un subterfugio que permita dulcificar la medida tomada.

En el otoño pasado, el candidato Rajoy afeó esa conducta al entonces presidente Zapatero, cuyo Gobierno la puso en práctica con poco éxito. Rajoy prometió entonces que iba ‘a llamar a las cosas por su nombre, al pan, pan y al vino, vino’.

Meses después, el ya presidente Rajoy ha empezado a tomar medidas contra la crisis, pero ha insistido en la práctica de utilizar definiciones ambiguas para evitar lo que prometió: llamar a las cosas por su nombre.

Éste es uno de los mayores errores que se pueden cometer en Comunicación. Y eso que todos, empezando por mí, nos dejamos llevar por esa tendencia natural de evitar el problema y buscamos formas diferentes de definir lo negativo. Llamar a las cosas por su nombre supone muchas veces un problema. Es seguro que si lo hacemos siempre, en todos los casos, podemos transmitir la sensación de hacer más grande el agujero de lo negativo. Y quizás sea por eso que el presidente Rajoy (y en su momento, Zapatero) quiere evitar llamar al pan, pan.

Si dejamos de lado esta obviedad, buscar sinónimos de forma enfermiza para definir lo evidente puede convertirse en una tarea que roce el ridículo. Y no sólo eso. Se convertirá en una tarea que inspire desconfianza, que genere en el receptor de la información sensación de engaño y que, en consecuencia, provoque pérdida de credibilidad y alejamiento de nuestras posiciones entre nuestros grupos de interés.

En Comunicación siempre son claves la transparencia y la credibilidad. Si tenemos que elegir entre buscar un sinónimo y llamar a las cosas por su nombre, llamemos a la cosas por su nombre. Si utilizamos un sinónimo para desdramatizar una situación, calibremos muy bien la cantidad de veces que lo estamos haciendo y, especialmente, el sinónimo. Perserverar en el uso de sinónimos y, más aún, utilizar alternativas que no tienen nada que ver con la realidad sólo contribuirán a alejar a nuestros grupos de interés de nosotros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s