Comunicación/Lecturas recomendadas

La televisión banaliza el mundo del coaching

La televisión tiene una gran virtud y muchísimos defectos. Su virtud radica en su propia capacidad para convertir algo desconocido en un tema en boca de todos. No en vano, se trata del medio de comunicación más seguido y, en consecuencia, del medio que asegura una mayor notoriedad.

Pero, relacionado con ello y entre sus muchísimos defectos, consigue banalizar casi todo lo que toca, con honrosas excepciones. El hecho de convertir cualquier cosa en un fenómeno de masas es lo que genera que esos contenidos pierdan valor. No siempre, pero, como veremos a continuación, ocurre a menudo con la tele.

Por casualidades de la vida y porque me he sometido a este tipo de ‘tratamientos’, he tenido la suerte de conocer de cerca el mundo del coaching, esa actividad tan de moda en la actualidad y que tiene más relación con la psicología y la terapia que con el entrenamiento. Y no se ha dado en llamar psicología por varias razones, pero fundamentalmente porque la psicología es un terreno ocupado ya por titulados universitarios y porque en España no estamos preparados todavía (aunque ahora más que hace 10 años) para someternos a una ‘terapia’, con la carga negativa que para muchos lastra a ese término, asociado a ‘problema’, ‘enfermedad’, ‘mal’.

Esto, y el hecho de que se haya tratado de una actividad nueva, sin regular, ha generado una proliferación de coachs, que se han certificado en algunas de las decenas de escuelas que existen en España y que, con mayor o menor acierto, tratan de desarrollar una actividad que tiene que ver, como decía antes, más con la terapia que con el entrenamiento. Y así le va a la profesión. Pero es harina de otro costal.

A lo que iba. La televisión tiene la enorme capacidad de otorgar notoriedad a todo lo que toca. Hasta ahí vamos bien. Pero, al mismo tiempo que le aporta notoriedad, también banaliza esos contenidos.

Con el coaching está pasando lo mismo. En este momento, hay coachs en Telecinco. Se trata de cantantes, que se supone deben ayudar a unos principiantes a mejorar su estilo. Y ya solo por eso, Melendi, Rosario, Malú y Bisbal son coachs.

En Cuatro el coach es un torero, El Cordobés. Ahí es nada. Se supone que ayuda, creo, a familias con problemas. Y por eso es un coach.

No sé si los profesionales del coaching se sienten identificados con lo que ven en la tele. Yo, a decir verdad, no me acostumbraría a ver a cuatro cantantes y a un torero haciendo de periodistas o comunicadores. Me costaría mucho, a pesar de que a estas alturas de la vida ya hemos visto de todo en Comunicación, una función en la que los no profesionales campan a sus anchas, como se harta de denunciar Dircom, la Asociación de Directivos de Comunicación.

El intrusismo es un mal. A mí no se me ocurriría planificar la entrada de mi compañía en Hispanoamérica, participar en la construcción de una vía de tren o diseñar el Project finance de una planta de biomasa, tres actividades a las que he estado familiarizado. Pero sí ocurre lo contrario: ingenieros, economistas y abogados quieren definir la estrategia de Comunicación.

Con el coaching sucede lo mismo. O peor. El intrusismo es ahora de cantantes y toreros. Miedo me da, porque pronto veremos toreros y artistas convocando una rueda de prensa, definiendo los mensajes y diseñando estrategias de Comunicación.

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