Comunicación/Comunicación de crisis/Responsabilidad Social

El rumor

El rumor. Convivimos con el rumor. Y la capacidad de cada uno de ellos se ha acrecentado con el uso de las redes sociales. Pero ¿debemos dar crédito a los rumores? ¿Somos conscientes del daño que hacen? ¿Es necesario participar en su difusión?

Tras los tristes acontecimientos de Francia, protagonizados por varios terroristas y que han provocado casi 20 víctimas inocentes, los rumores se han disparado. Y muchos de ellos tenían como protagonista al mundo musulmán. Independientemente del contenido de cada rumor, debemos repasar algunos principios a tener en cuenta:

Rumor

El rumor distorsiona la realidad

.- La cantidad de rumores y su capacidad para convertirse en viral se incrementan inmediatamente después de un acontecimiento de impacto. ‘En caliente’, todos somos, en general, más permeables a la estrategia del rumor. Mantén la cabeza fría y piensa en las consecuencias de seguir la cadena del rumor (que es, precisamente, lo que el estratega inicial desea);

.- Difundir una información, sea cual sea, sin contrastar su veracidad es, cuando menos, irresponsable. Si participas en la difusión de información (por la vía que sea), estás alimentando a la bestia y al que se ha situado en el origen de la posible maledicencia. Comprueba siempre la veracidad y, si tienes la más mínima duda, no difundas información alguna;

.- En otros aspectos, como por ejemplo en el ambiente laboral, el rumor es muy peligroso y suele mezclar la componente profesional con la personal. Con su difusión se busca, pues, un doble daño. No participes.

A resultas de todo esto, reflejamos aquí un cuento, muy utilizado en sesiones de Formación y Coaching Ejecutivo, que ilustra perfectamente la opinión que debe merecernos el rumor. Corresponde a una supuesta conversación, incluida en los Diálogos de Sócrates, entre el filósofo y un amigo:

.

“- ¿Sabes, Sócrates, lo que acabo de oir sobre uno de tus discípulos?

Sócrates: .- Antes me gustaría que pasaras la prueba del triple filtro. El primero es el de la Verdad.

¿Estás seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

–  Me acabo de enterar y….

Sócrates: .- O sea, que no sabes si es cierto. El segundo es el de la Bondad. ¿Quieres contarme algo bueno sobre mi discípulo?

– Todo lo contrario.

Sócrates: .- Así que quieres contarme algo malo de él sin saber si es cierto. No obstante, aún podría pasar el tercer filtro, en la de la Utilidad. ¿Me va a ser útil?

– No mucho.

Sócrates: .- Entonces…. si no es cierto, ni es bueno ni es útil…… ¿para qué contarlo?”

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