12M. El día después

Confieso que el tema 11M me angustia, todavía hoy, diez años después. Y por eso, sólo por eso, ayer intenté (y casi lo conseguí) pasar de puntillas sobre este tema, intenté leer lo menos posible, escuchar lo mínimo, ver nada.

Pero sí quiero decir algo. Por eso he esperado al día después.

El 11M de 2004 inicié un recorrido personal y profesional único. Tuve la suerte de que en ese recorrido me acompañó (y yo acompañé) gente maravillosa, excelentes profesionales y mejores personas.

Ese día, yo era jefe de Prensa de Renfe, cargo en el que llevaba trabajando la friolera de 9 años, desde 1995. Empresa acostumbrada a todo tipo de crisis (huelgas, algunos accidentes, reclamaciones, retrasos, averías, inclemencias climatológicas,….) el equipo del Gabinete de Prensa de Renfe estaba curtido en mil batallas. Lo cierto es que funcionaba como un reloj. Los periodistas (porque todos seguíamos siendo periodistas, aunque trabajamos ‘a este lado de la barrera’) nos entendíamos sólo con mirarnos, sabíamos qué hacía falta  a cada momento y entendíamos a la perfección el delicado equilibrio entre la transparencia debida, que hace más creíble a la empresa, y las necesidades del profesional de los medios, que están haciendo su trabajo y que pregunta y vuelve a preguntar precisamente por eso, porque es su trabajo. Y, en cualquier caso, en el Gabinete de Prensa de Renfe disponíamos de un sistema de guardias permanentes que nos permitía conocer el estado de todo lo relativo a la empresa (circulación, averías, huelgas,….) al minuto, gracias también a la colaboración de los profesionales de los negocios de Viajeros, Mercancías, Talleres y Circulación.

El 11M de 2004, como decía, inicié un viaje hacia la crisis de las crisis. Bregado en crisis, todos pensábamos que ya habíamos vivido todo, hasta las más terribles experiencias. Pero no. A las 7,38h de ese día, un compañero me llama para decirme que ‘han estallado bombas en Atocha’. Y comenzó la locura. Una crisis, por definición, es como un tsunami, una gran ola que tiende, si la dejas, a superarte. Una semana después calculábamos que en sólo 7 días había recibido en el Gabinete de Prensa de Renfe cerca de 10.000 llamadas de medios de comunicación. Sólo el día 11, llegamos a recibir, a todas horas y desde cualquier parte del mundo, 2.000 llamadas. Efectivamente, el tsunami comenzó y la ola amenazó con arrastrarnos y llevarnos por delante.

La situación era tan grave que organizamos el equipo de tal manera que siempre hubiera una persona en el Puesto de Mando, otra en Atocha y el resto (3), en las oficinas centrales atendiendo peticiones de información de los medios. Las Cercanías de Madrid (que transportan casi un millón de viajeros al día) quedaron inmediatamente suspendidas. Y desde Prensa, atendiendo al interés público, comenzamos a informar: primero creíamos que se trataba de bombas en tres trenes. Después supimos del cuarto tren, detenido en Téllez y del que no teníamos noticias.

Los medios requerían información constantemente. Si el SAMUR, los servicios de urgencias, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado,… todos en definitiva estaban viviendo los momentos más graves de su historia, Renfe no era menos, sometida a una tensión extraordinaria, fuera totalmente de lo común. Y con una diferencia importante: los servicios de urgencia están todos preparados para asistir a víctimas, atender personas…. Pero los profesionales de Renfe no estábamos preparados, con excepciones, para semejantes momentos.

Quiero destacar el comportamiento de todos ellos, de las personas de Cercanías, de las de Seguridad de Renfe, del Gabinete de Prensa, de los técnicos de mantenimiento de instalaciones (en Téllez, las primeras personas que asistieron a los heridos fueron un técnico de Renfe -hoy en Adif- de una subestación eléctrica y el maquinista), de los propios maquinistas (con los que llegué a trabar amistad personal),….. de tantos y tantos otros que demostraron su valía profesional y, sobre todo, su enorme valor personal.

Fueron horas, días…. tremendos. Realmente no pisamos nuestras casas hasta el domingo. El 11M fue jueves. El viernes se trabajó intensamente en poner en marcha parcialmente las circulaciones. El sábado vivimos ese día en el Centro de Información y Control (CIC) de Cercanías, en Atocha. Y el domingo descansamos un rato, no mucho, porque la demanda apenas decayó.

Creo que todos superamos ese reto, creo que las personas de Renfe dieron lo mejor de sí, aunque apenas se ha hablado de ellos. Los profesionales de los medios de comunicación fueron los primeros que comprendían la enorme tensión que vivíamos. Y, aún así, hicimos un trabajo extraordinario que nos permitió, a todos, afrontar la más grave situación de crisis que hemos vivido en España en los últimos cincuenta años.

Han pasado diez años. Y, sin embargo, confieso que cada 11M intento aislarme, porque cada conversación, cada noticia, cada crónica de cada año todavía me daña. Todavía recuerdo el aluvión de llamadas, algunas de ellas de angustia. Todavía recuerdo que yo mismo, entre las miles de llamadas y peticiones que atendía, busqué a mi amiga Pili, hasta que la encontré entre los fallecidos en Téllez (un beso grande, Pili), todavía recuerdo el amasijo de hierros y sangre del interior de los vagones, todavía recuerdo el silencio, todavía recuerdo las llamadas de un periodista amigo que buscaba a un compañero en los trenes, todavía recuerdo la retirada de restos en Atocha…. Y no me puedo quitar de la cabeza que en uno de los trenes vi algo tan simple como una tartera. Tenía comida en su interior y seguramente pertenecía a alguien que ese día había preparado, con absoluta normalidad, su tupper para poder comer en el trabajo. Pues bien, allí estaba ese tupper, encima de uno de los asientos ensangrentados de un tren de Cercanías, como si la catástrofe hubiese afectado a todo y a todos, menos a la tortilla que esperaba dentro a ser consumida.

Confieso que, a pesar de que ya pensaba que lo había visto y vivido todo, el recuerdo me estremece.

Por eso he dejado este texto del 11M para el día después, para que se sepa que en medio de la enorme desgracia que todos los españoles vivimos aquel día, tuve el privilegio de compartir llantos, tensiones, abrazos, apoyos, información…. con gente maravillosa. Vaya por todos ellos, mis compañeros del alma.

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