Reconocer. Lo mismo del derecho que del revés

El ser humano es un ser de emociones. Por encima del dinero (que es importante, digan lo que digan), el ser humano necesita cariño, sensación de apoyo,… en definitiva, reconocimiento. El reconocimiento es a las personas como el agua, el sol y la tierra a las plantas. Se necesita para vivir.

“La dignidad no consiste en nuestros honores, sino en el reconocimiento de merecer lo que tenemos”. Es una frase de Aristóteles que viene al pelo, porque relaciona un sentimiento exclusivamente humano, la dignidad, con el reconocimiento. Lo importante, dice Aristóteles, no son los honores con los que te hayan distinguido (algo que en realidad es tangible), sino el reconocimiento (público) de merecer lo que hemos conseguido. Estamos hablando de un intangible, del mismo modo que al comienzo hablábamos de cariño, sensación de apoyo,…. El reconocimiento se sitúa, pues, en la propia esencia de la persona y forma parte de nuestras necesidades básicas.

En el mundo de la gestión empresarial, el reconocimiento lo hemos dado en llamar ‘reputación’. La reputación de una empresa es la consecuencia directa de sus acciones, de sus iniciativas, de sus productos y de la percepción que se tiene de su actividad. Se trata de un concepto ligado directamente a la función de Comunicación, en la medida en que esta función trata de mejorar la percepción que se tiene de una organización y plantea una serie de estrategias e iniciativas que deben ir encaminadas a conseguir el reconocimiento de su actividad.

Una organización, una empresa, una Administración,… debe diseñar políticas de Comunicación encaminadas a conseguir el reconocimiento de su gestión. No hablo de notoriedad. Hablo de reconocimiento, concepto que presupone, por supuesto, la notoriedad, pero que incorpora de forma muy especial la mejora en la reputación de una organización.

Esas estrategias deben ser de 360 grados, planteadas con una visión global, del mismo modo que se plantea, por ejemplo, la sostenibilidad. Una empresa debe tener una política de recursos humanos participativa, con una gestión basada en valores (los universales y, por supuesto, los propios), con principios de ética y de buen gobierno; debe intentar ofrecer a sus grupos de interés el mejor producto; debe respetar (e incluso ir más allá) las normas medioambientales; debe luchar para conservar el empleo y, si es posible, crearlo, porque todo eso redundará en beneficio para su grupo de interés más importante (sus propios trabajadores) y para la comunidad y, de forma inducida, para sí misma; y debe, por supuesto, ganar dinero, por el simple hecho de que sin beneficios no hay empresa.

Esta visión de 360 grados nos debe servir para darnos cuenta de que la gestión de una empresa y su Comunicación es global. La miremos como la miremos. Conseguir ser referentes en gestión integral es la esencia del reconocimiento, de la función y del uso de reconocer. La gestión de una empresa debe ser global. El reconocimiento de/a una empresa (y su reputación) es la consecuencia directa de su gestión y su relación con todos sus grupos de interés. En definitiva, como la palabra ‘reconocer’. Por cierto, ¿te habías dado cuenta de que ‘reconocer’ se lee igual del derecho que del revés? Pues ésa, y no otra, es la base de la reputación de una organización, que es en sí misma un todo, empieces por donde empieces, del derecho o del revés. Como ‘reconocer’.

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